Desde su fundación está dedicada a la memoria de San Onofre, patrón de La Lapa y anacoreta que vivió en el desierto egipcio hacia el siglo IV. El convento sufrió varias modificaciones y ampliaciones (a cargo del Conde y de los Duques de Feria).
Tras estas ampliaciones el monasterio tuvo una iglesia, un claustro, un mirador, una alberca, celdas, refractario y otras dependencias.
Su decadencia viene, como en otros muchos casos de patrimonio eclesiástico, tras la desamortización de Mendizábal (1836), este convento pasa a manos nacionales. El nombre de La Lapa es un término portugués, que en castellano significa "cueva" y recibió este nombre por una pequeña cueva que se hallaba en la parcela de este Convento, que siempre fluía una cantidad de agua en su interior.
En cuanto a la historia es muy amplia, el monasterio estaba constituido por un gran complejo formado por el convento y sus 4 ermitas, una estaba construida toscamente y la otra estaba adornada con bellos azulejos.
Actualmente casi todo es ruina y desolación en torno a lo que resta del convento, menos algunos muros cubiertos parcialmente de esgrafiad (como escudos) y algunos elementos aislados como por ejemplo una puerta con restos de inscripciones, la alberca y una capilla utilizada como gallinero.
Éstos nos hacen pensar y volver a un pasado de lo que pudo llegar a ser, un convento grandioso pur sus dimensiones y terrenos, pero estropeado por medio de los materiales que fueron extraídos para la construcción de la iglesia parroquial.
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